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viernes, 29 de marzo de 2013

Respeto /// Buena Educación...

Es muy bíblico pero ya que son estas fechas.. Respeta y serás respetado! ;)


Me pregunta j en un comentario que si puedo aclarar qué es el tan traído y llevado “respeto” que pedimos a todas horas y en todo foro los que vivimos estas cosas, y si no se estará confundiendo con la simple buena educación, siempre debida.

Recojo una vez más el guante, puesto que es lo que siempre quise, que el Muro sea un diálogo, y en este caso el que tengo con j me parece estimulante y siempre da lugar a nuevas reflexiones.

Es cierto que el “respeto” se pide mucho, máxime cuando se siente que no se tiene por defecto. En el caso de los “swinger”, temo q aún estamos en ello. Quizá equivocadamente, quizá no, yo veo paralelismos entre el despertar de la sociedad a que existimos con el que empezó hace 20 años con gays y lesbianas. 

Últimamente las referencias al intercambio de parejas y la vida liberal se multiplican en el cine, la prensa o la televisión, y como siempre ocurre, el hábito va curando la extrañeza. Los gays emprendieron ese camino hace 20 años, y hoy se ve con normalidad decir incluso frases hace poco imposibles de conjugar como: “el diputado gay del PP Pepito Pérez se ha casado hoy con su compañero en Barcelona”. No creo que estemos en el punto en que Hola! pueda publicar que Sergio Ramos y señora han ido a Barcelona a pasar un fin de semana de sexo y desenfreno con Ferrer y su novia, dada su manifiesta amistad e inclinaciones liberales… Pero aunque sea un deseo extraño, ojalá algún día lleguemos a él y las señoras bostecen al ver que esa tan sosa es la portada de la semana.

Cuál es el problema? Bueno, creo que principalmente el problema, incluso más allá del “qué dirán” es que aunque la buena educación provea la apariencia de una cordialidad que puede llegar a ser muy hipócrita, hasta que no se produce una normalización y aceptación de las conductas e inclinaciones de quien se sale de la norma, se tiene a considerarlo una debilidad del carácter, en el mejor de los casos. 

No hace tanto que hablábamos de Turing, y de cómo en ese momento histórico un analfabeto heterosexual pudo sentirse en un orden superior de la existencia que una de las mentes más brillantes de este siglo, y tristemente es sólo un ejemplo de muchos. Se ha tenido “marica” al cabo de la lengua para cobarde, blando, pusilánime o de voluntad débil… Hoy parece que está en el lenguaje para quedarse, pero creo que casi todos entendemos que se puede decir “eso es una mariconada” porque a uno le puede la vena coloquial, y tener muy interiorizado que ser gay es un atributo neutro como el que es bajito o de Pamplona… Y nosotros aún no tenemos  nuestro propio insulto, así que parece que hay camino por recorrer!

Creo que todo esto va bastante más allá de la buena educación: un ingenio mínimamente agudo puede insultar y desmerecer desde una educación exquisita, y aquí hablamos ya no sólo de palabras. Al pedir respeto lo que yo exijo es ese reconocimiento del otro que se hace imprescindible para la convivencia. Ese enunciado que dice: sé que piensas y vives diferente a mí, y te reconozco no ya sólo el derecho a hacerlo, si no también mi total incompetencia (en el sentido legal) para juzgarlo. Me inhibo de emitir juicio, puesto que no tengo derecho a ello”.

Decir “respeto” aquí al fin y al cabo, es decir primero “a ti que te importa”, luego “somos distintos pero podemos convivir” y al fin “entiendo tus razones, aunque no sean las mías”.

En cuanto al tema que nos ocupa en las entradas anteriores, yo expreso mi respeto dejando que sea el otro el que elija su propio nombre, simplemente. No impondría nunca un término a quien no me invite a usarlo, y no ridiculizaría nunca a quien lo reclame para sí. Para mí los juegos de cornudos y zorras no son tan distintos de los de profesora y estudiante, enfermera y paciente, ginecólogos, monjas, ángeles, demonios, criadas o vaqueros… Y así como entiendo que no por eso voy a empezar a repartir fonendos, cátedras y tridentes, de la misma manera no mezclo el disfraz y el personaje cuando me invitan a representar esta otra partida.

Creo que hacer eso es buena educación, y que entender que cada cual juega a lo que quiere y lo llama como le place, es respeto.


viernes, 22 de junio de 2012

Contrastes I/II . Ambarillo

Tan sólo con un dedo...


Estaba hoy revisando los borradores, todos los asuntos pendientes del Cuarto Muro (en mayúsculas, con un par!) y me ha llamado la atención que dos de las próximas entradas son casi diametralmente opuestas...

Como ya sabéis, algunas veces hemos puesto algún grafitti en el muro que dejan los sospechosos habituales. En esta ocasión tengo en la cola de pendientes uno de nuestro habitual Ambarillo, severo y con verdaderas cargas de profundidad para lectores sensibles, y uno que me acaba de llegar de una nueva lectora de ojazos enormes y pequeños pies de Hobbit, que es dulce, pausado, y casi se sonroja en las menciones anatómicas...

He decidido que puesto que la vida se alimenta de contrastes y contradicciones, nuestro bien conocido Ambarillo y nuestra nueva amiga Mia ilustrarán lo distinto que puede ser a sí mismo el Cuarto Muro, y aquí tenéis sus aportaciones...

No es obligatorio "elegir"; de hecho casi diría que no es recomendable! :)

"Contrastes" : Toma I. Ambarillo.

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CON UN SOLO DEDO.


Yo no había desayunado todavía, pensaba hacerlo cuando llegara pero al entrar la hallé en su rincón.
Estaba desnuda, su frente tocaba el suelo y su cabeza estaba encajaba en el vértice del que se alejaban paredes. 
No era una postura lo que ella adoptaba con sus rodillas hincadas en el suelo y sosteniendo el tronco de su cuerpecito sobre sus codos. No era una postura, era una actitud. Y con todo era una composición como para una foto con la que se pretendiera retratar más allá del plano físico, si acaso tal vez tomar una imagen de la metafísica de la entrega.


Cuando ella se desnuda no es un acto sexual, es...cómo podría explicarlo si yo no estoy en su cabeza, no estoy dentro de su piel para saber exactamente lo que sus sentidos transpiran y aún a pesar de no poder saberlo consigue empaparme de ella misma.

Ella estaba desnuda en el rincón ofreciendo impúdicamente la parte más íntima de su anatomía y sin embargo no era una actitud obscena. Le cubría una capa de sumisión bajo la cual me invitaba a entrar para tomarla, hacerla mía.
Se que ella esperaba todo de mí, pero ¿qué era exactamente lo que esperaba? Yo no podía saberlo con precisión y sí. Sí sabía que ella esperaba de mi cualquier cosa, porque ella estaba segura y sobre todo confiada de mí. Ella sabía que yo respondería ante su actitud, porque no era una postura la que ella mantenía con su cabeza encajada en aquel rincón y su grupa monumental alzada en primer término como ofrenda a la persona que mejor entiende su yo más íntimo. Ella sabía que cualquiera que fuera mi respuesta la aceptaría sin reparos, la acataría sin objeciones, no siempre es fácil para ella pero tiene la certeza y la confianza de que aunque a veces llego a su límite me detengo en el filo mismo de su abismo insalvable. A ella le turba, le desarma, le supera, le desborda y se deshace, se licua como el hielo sobre una superficie caliente todo lo que yo le doy. Y a mi, a mi me hace sentir el poder que ella me otorga y me reconoce. Siento sobre mis hombros la responsabilidad de tenerla, siento el respeto que de ella he conquistado, el dominio sobre su voluntad y siento un inconmensurable goce con todo.
Hace ya mucho tiempo que el impulso más animal y primigenio al ver una hembra ofreciendo su sexo para mi placer carnal más inmediato lo superé. La urgencia por la coyunda debida a la escasez de oportunidades hace ya mucho que quedó atrás. Ante esta escena mi mirada es una mirada de fondo, va al conjunto y degusta los matices, a los olores, a las formas, a la atmósfera que se crea y nos envuelve a los dos, cada uno en su posición, en su rol. 
Entrar y verla en su rincón me produce una conmoción, la realidad se transmuta, se desarrolla en otro plano. 
-¿Qué piensas cuando me ves así?- Me pregunta ella después. Y yo casi no tengo palabras para responderle. Yo no pienso. Algo me arrastra, me dejo llevar por una fuerza, por un impulso.
Yo aún no había desayunado cuando entré y la vi. Y no pude más que acercarme a ella y sentirla primero con mi mirada, después me incliné sobre su cuerpo postrado y desnudo y la dibujé con mis manos, sentí sus sentimientos y le transmití los míos con el lenguaje del tacto. Tomé distancia como si saliera a la superficie desde el fondo del mar a respirar. 
La contemplé detenidamente, yo nunca precipito nada cuando una hembra se me ofrece. No tengo prisas, sé que está ahí para mi, por tanto la disfruto, la saboreo despacio.


Su coño se inflama con facilidad cuando se excita, se le ve protuberante y si lo tocas te llenas la mano con él.
Volví a reclinarme sobre ella, volví a acariciarla a sentirla en mis manos, tomé sus pechos y los amasé. Sus pechos, cómo me gusta tenerlos.
Tracé una línea imaginaria con el índice de mi mano derecha a lo largo de su columna y cuando llegué al final mi mano envolvió su coño, lo apretó, lo frotó. 
Es entonces cuando apenas ella se movió por primera vez, abandonó su inmovilidad y se balanceó casi imperceptiblemente para alcanzar a sentir mejor el movimiento de mi mano en su coño.
Yo no había decidido aún qué iba a hacer con ella, yo nunca pienso a priori que voy a hacer con una mujer porque cada momento pasa y no se puede reproducir y si lo intentas no sale como lo habías imaginado porque ese momento ya pasó en tu fantasía y no puede volver y porque cuando montas un historia en tu mente siempre falta la parte que aporta ella y que nunca sabes cual será, así que yo nunca decido a priori que hago voy a hacer con una hembra cuando se me arrodilla delante.

Sólo bastó un dedo, tan poco. 

Su espalda concava ofrecía más aun su coño a mis caricias. Leí su deseo y sentí yo mismo el deseo de complacerla, al menos en una parte. Qué le vamos a hacer si soy un Amo un poco cabrón.
Todo su cuerpo estaba caliente, toda ella anhelaba ya sentir mi polla llenándola más que respirar. Ella quería explotar de placer, ella quería saciar su hambre, y yo, yo recorrí el contorno de su coño con mi dedo índice, ella rabiaba por sentir más, por sentir la dureza de mi virilidad. Con mi dedo y mi parsimonia abrí cuidadosamente sus labios, con una suavidad exasperante acaricié la entrada, sólo la entrada, solo un dedo, no más. Evitando su clítoris o rozándolo descuidadamente en contra todo su deseo. Qué poco le estaba dando para todo lo que ella deseaba, necesitaba. Qué poco, y cuan bien me lo pasaba yo. 

Jugando, jugando entre tanta suavidad carnal mi dedo se topó con la dureza de su hueso púbico y saltó una chispa, ella se encendió más. ¿Aun podía encenderse más? Supongo que fue la ilusión suya de que al menos mi dedo penetrara en su coño, ansioso de atraparlo entre sus paredes como una planta carnívora se cierra sobre el insecto incauto que liba en ella. Aunque sólo fuera mi dedo pero su cuerpo, su coño me decían que necesitaba que la follara. Y yo no tenía intención de hacerlo.
Me detuve a acariciar donde los labios del coño se abren y se siente la rigidez del hueso del pubis, me detuve bajo de su monte. O mejor que detenerme, me entretuve, lo acaricié. Su calor casi podría haberme quemado la mano y de haber hablado ella no soy capaz de imaginar lo que hubiera proferido esa linda boquita, pero permanecía en muda, obedientemente callada, sumisamente silenciosa. Un silencio que solo quebró cuando con mi dedo, con un solo dedo empecé a martillear en la entrada de su coño en la protuberancia de su hueso de Venus. Sólo un dedo hizo falta, un dedo y unos minutos, un dedo que martilleaba incesantemente, un dedo con tempo constante, repitiendo el mismo golpeteo en un único sitio, insistente, impertérrito, imperturbable. Ella gritó, se retorció, jadeó, gimió, se desató y proclamó de viva voz y sin sonrojos su condición de perra, de sumisa, pregonó mientras mi dedo le marcaba el ritmo de su excitación lo guarra y caliente que se sentía. Y mientras se retorcía de gusto y me mojaba la mano no paraba de bambolear sus caderas por el simple martilleo de un solo dedo en la entrada de su coño como el de un pájaro carpintero en el tronco de un árbol. Le gritó a la pared que tenía delante lo puta y lo reputa que era, lo repetía una y otra vez. Yo guardaba silencio. Yo disfrutaba del espectáculo que ella me proporcionaba. Yo sólo repiqueteaba con mi dedo índice siempre en el mismo sitio y siempre con el mismo ritmo y siempre con la misma intensidad. Ella explotó, ella se quebró en el aire, ella alcanzó la máxima cota del placer y se desplomó rendida en su rincón, desmadejada, inerme. 

La abracé. En mi torso desnudo percibí la tibieza de su espalda, la ayudé a levantarse del suelo, apenas le quedaban fuerzas para sostenerse sobre sus piernas y la senté. Abrí un cajón y saqué de él el collar rojo de cuero, se lo ceñí al cuello y ese fue el comienzo de la perversa y lujuriosa jornada.

sábado, 14 de abril de 2012

Primeras veces... (Firmado por Ambarillo)



A menudo digo que me encantaría que el cuarto muro fuese convirtiéndose cada día más en una comunidad en la que compartimos y debatimos, además de seguir buscando el morbo y entablar nuevas amistades.

En esa línea, hasta ahora había publicado algunas entradas de experiencias que he vivido, pero con una nota especial: me gusta publicarlas también contadas desde el otro lado, firmadas por Shira, por Bonsay (si algún día acaba sus deberes, también por Nina!), y espero que en el futuro haya más plumas, y más situaciones!

Esta de hoy inaugura una nueva serie sobre "Primeras Veces". En concreto, una vivida por Ambarillo, que ha tenido a bien enviarnos. :)

Por fortuna no hay problemas de espacio en un blog! :) Así que aquí os lo pego íntegro e intacto. En general, ni añadiré, ni recortaré, ni "corregiré" nada de estas contribuciones, me parecería una falta de respeto. Cada nueva pluma tendrá así su estilo, su forma de contarnos, y su propias virtudes!

Aquí os dejo su relato, y su experiencia! :)


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Como en más de un comentario había dejado escrito que algún día aportaría al blog alguna "primera vez". Animado por ti e inspirado por los relatos que se han públicado hasta ahora, esta noche me he sentado a escribir.
He elegido un primer encuentro que tuve hace ya casi ocho años con una sumisa, con la que aun mantengo una relación muy, muy especial.
Lo que relato es totalmente cierto y ocurrió así.
Hay partes del relato en los que parece que yo estuviera dentro de su mente porque describo lo que ella pensaba o sentía en ese momento. Tal punto de vista lo aporto en base a lo que ella me contó posteriormente de cómo había vivido nuestra primera cita. [...]
Es largo amigo Wall, pero tu me has dado carta blanca para escribir y como tu dices el que no quiera leer que se lo salte.[...]
La foto también la hice yo y corresponde a la sumisa del relato, si lo ves oportuno sirva para ilustrar el relato si lo publicas.
Amigo 4thWall un abrazo.

Ambarillo.



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En el verano de Sevilla y alrededores al medio día hace mucho calor. Yo tenía horario de mañana y de tarde así que si ella imponía vernos entre semana no nos quedaba otra opción que hacerlo a la hora de comer.

Pasaba poco más de un mes desde que entablamos relación a través de una web de contactos sado y sólo nos habíamos visto por fotos.

Desde la ventana de mi trabajo la vi pasar en su coche camino de la cita. Ella había querido que esta se celebrara en el polígono industrial porque sabía llegar sin pérdida. Pero a mi no me venía bien así que como Amo que soy yo decidí dónde celebraríamos nuestro almuerzo, nuestra primera cita, sin imposiciones bruscas sino de una forma amable ella hizo mi voluntad.

Salí del trabajo minutos después de verla pasar, tenía la certeza de que ella ya estaba allí. Esta vez no existía la incertidumbre que genera cuando se acude a una primera cita de si estará allí o habría cambiado de idea. Esta vez controlaba yo incluso antes de llegar.

La encontré bajo un sol de justicia y consumida por los nervios de pie junto al su coche frente al cuartel de la Guardia Civil, mi casa estaba a la vuelta, detrás del cuartel. Paré, me acerqué a ella y se puso en situación de alerta no cabía duda que ya sabía quien era yo.
Hizo un esfuerzo por sonreír a pesar del sofoco por calor que le había castigado cerca de diez minutos y de esos nervios que hasta que yo llegué le movían a salir corriendo antes de cruzar su vida con la mía.

Nos presentamos, dos besos, ¿Qué tal estás?, Bien mucho calor y – No puedes dejar el coche aquí, esta prohibido aparcar, sígueme- subí al mío y la conduje hasta casi la puerta de mi casa, pero ella no lo sabía.

En vez de comer de menú en un bar de polígono industrial, la llevé a comer a un asador típico del pueblo.
Desde mi calle hasta el asador apenas cruzamos una docena de palabras. No íbamos muy lejos de todas formas pero los silencios eran densos y junto a ella en el asiento del acompañante viajaba toda su timidez y fragilidad, se sentía pequeña junto a mi. Yo acrecentaba esa sensación en ella mirándola con autoridad que la enmudecía hasta sus pensamientos.

Durante la comida hablamos. Me senté a su lado en vez de hacerlo frente a ella. Mi cercanía le abrumaba. Durante la comida ella se fue relajando aunque me confesó posteriormente cuando recordábamos este primer encuentro que durante toda la comida se había sentido intimidada y que hacía el esfuerzo por tratar de que no se notara. No lo conseguía apenas pero un poco más distendida que al principio si que se le observaba.

No obstante, cada vez que apreciaba que se soltaba demasiado, yo extendía mi mano hasta su brazo derecho y le subía el tirante de su vestido que de manera impertinente se deslizaba una y otra vez desde su hombro desnudo. Este gesto mío la turbaba por completo y la dejaba desarmada, de nuevo a merced de sus nervios y yo sentía mi triunfo sobre ella, la controlaba, controlaba sus emociones. Jugaba con ella como el depredador juega con su presa antes de comérsela. Me excita tanto este juego, de control, de dominio…

Hablamos fundamentalmente de ella, yo preguntaba y ella respondía, ella hablaba de si misma, de su manera de vivir la D/s. Abundábamos en detalles sobre conversaciones tenidas por Chat o pensamientos que habíamos intercambiado a través de correo. Salió a relucir otra vez su fantasía de violación. ¡Vaya! Habíamos hablado por Messenger que era algo que le excitaba. Sentirse forzada por un desconocido, contra su voluntad, sentirse como una muñeca de trapo en manos de un bruto que abusa de ella sin que ella tuviera opción siquiera de resistirse. Claro está que sin la crudeza y el salvajismo de un hecho real de este tipo y con un final mucho más amable donde el individuo que al principio la fuerza luego la arropa entre sus brazos con ternura.

Hablamos también de sus experiencias anteriores como sumisa, hablamos de otros Amos que había tenido, de sus expectativas conmigo. Yo le hablé también de mí.

Ella pretendía controlar el ritmo de la comida y del encuentro pero nada más lejos de sus intenciones, era como una pluma al viento y en esta ocasión era yo quien soplaba.
Ella había calculado que si yo tenía que volver al trabajo, alargando la comida lo más que pudiera se ahorraría el incomodo compromiso de tener que decidir si acompañarme o no a un lugar más privado. Ella había imaginado este primer contacto sólo eso un primer contacto, hablar, comer y luego cada uno por su lado y decidir más tarde si se ponía en mis manos en otra ocasión.

Pero una comida dura lo que dura por mucho que la estires y lo que no controlaba ella era que yo no tenía ningún reparo en llegar tarde al trabajo.
 Salimos del asador, ella se sentía confiada y muy ufana porque había  logrado su objetivo de mantenerse a salvo de mis garras. Yo la acompañaría hasta su coche, allí nos despediríamos y marcharía a su casa y yo al trabajo con la idea de llamarnos tal vez al día siguiente después de haber rumiado lo acontecido durante la comida.

Aparqué mi coche unos metros por delante del suyo. Ella tenía ya la mano en la maneta para abrir la puerta cuando le dije: -Esta es mi casa, vivo aquí, tengo que entrar un momento antes de irme al trabajo. ¿Te importaría entrar conmigo? Quisiera darte algo. Titubeó trato de poner una excusa, pero la interrumpí: - Sólo será un minuto, me tengo que ir al trabajo ya.
Ella accedió a entrar más por mantener las formas que por voluntad propia. Entramos por la cochera en vez de utilizar la puerta principal.

Yo entré primero, ella me siguió. Nada más atravesar el umbral de la puerta la agarre firmemente por su muñeca izquierda, de un puntapié cerré la puerta y con la mano libre corrí el cerrojo. Nos quedamos a completamente a oscuras. La sentía agitarse pero antes de que reaccionara la arrojé con fuerza contra la pared, me moví con rapidez y la mantuve apretada cara a la pared, con todo el vicio más sucio y con toda la depravación que yo era capaz de reunir, la manoseaba obscenamente por encima de la finísima tela del vestido que todavía conservaba puesto. Ella pronto dejó de resistirse al sentir que su fuerza era inferior a la mía. Más tarde me confesó que se resignó a pasar por el trago de ser usada por un capullo que se creía Amo por el hecho de satisfacerse a la fuerza con la toda incauta que cae en sus manos. Aún así la rabia de sentirse ultrajada por un cabrón le llevaba a revolverse, resoplaba con hartazgo, pero a la vez yo notaba su miedo mientras mis manos habían encontrado ya el camino para llegar a sus tetas por debajo del vestido. La sobaba descarnadamente, agarraba sus tetas con mis manos, las apretaba con fuerza, buscaba sus pezones y los pellizcaba hasta oírla quejarse por el dolor mientras me empapaba en su cuello de su olor a hembra, la besaba y le mordía la oreja, le mordía la nuca… El peso y el empuje de mi cuerpo sobre el suyo la mantenían inmóvil contra la pared.

Metí una mano desde atrás entre sus piernas, aparté sus bragas y metí mis dedos en su coño. ¡Hum! PUTA. Tanto resoplar, tanto bufar y tratar de zafarte, meto mi mano en tu coño y te chorrea como una fuente. Saqué mi mano de su coño y la llevé a su cara, restregué toda su humedad por su cara, ¿humedad? Era como un manantial que brota de una gruta oscura, cuando mi mano regresó entre sus piernas su calentura chorreaba ya por sus muslos. Hurgué en su intimidad hasta que dos dedos se internaron bruscamente en ella. Palpé su interior, sus flujos mojaban toda mi mano, sentí su carne cerrada sobre mis dedos y dentro de ella su calor me hacía dudar si yo metía mi mano en su coño o era su coño ávido de algo que lo llenar el que engullía mi mano. Llegué a temer que se tragara mi mano entera, estaba perdiendo el control, pero me rehice, busqué esa almohadillita blanda y rugosa detrás del pubis y lo acaricié con mis dos dedos, por primera vez la escuche gemir, por primera vez arqueo su espalda ofreciéndose y abriendo sus piernas todo lo que sus bragas a medio bajar le permitían, su cuerpo pedía más, su coño pedía ser follado.  Por fin ella se había rendido no a mí, ni a la fuerza, ni a la violencia de mis actos, se había rendido al placer, se había rendido al deseo, se había rendido a su Amo. 

Puse mi brazo en su espalda para mantenerla aún contra la pared, mientras abría la bragueta y sacaba mi miembro. La follé apoyada contra la pared, la follé con embestidas fuertes amarrándola por la cintura. Sudábamos, ella chillaba de gusto, jadeábamos por el sofocante calor, por la intensidad de la cabalgada, nos faltaba el aire en aquel lugar oscuro cerrado y tan cargado. La tomé del brazo y por una puerta interior la llevé a la casa, la conduje al salón inundado de luz, el espacio era más amplio y aunque hacía calor no era el ambiente sofocante de la cochera. Continuamos en el sofá, nos deshicimos de toda la ropa y estuvimos juntos, desnudos por primera vez. Yo me senté y ella se sentó sobre mi polla. Nos besamos. Comenzó como una violación pero la luz sublimó este acto, lo trasformó en  algo bello, lleno de ternura,  de sensibilidad, de caricias. Acabamos abrazados, exhaustos, felices.
Le pedí disculpas por tenernos que ir inmediatamente, ya era tarde, tenía que haber llegado al trabajo un cuarto de hora antes. Le ofrecí ducharse, rehusó, Yo me duché y cuando salí estaba vestida esperándome. Salimos juntos de mi casa, cada uno se subió a su coche, durante un breve trayecto llevamos el mismo camino. Yo miraba por el retrovisor y la veía a ella con una sonrisa de oreja a oreja.
Al día siguiente volvió.

Ambarillo.