A menudo digo que me encantaría que el cuarto muro fuese convirtiéndose cada día más en una comunidad en la que compartimos y debatimos, además de seguir buscando el morbo y entablar nuevas amistades.
En esa línea, hasta ahora había publicado algunas entradas de experiencias que he vivido, pero con una nota especial: me gusta publicarlas también contadas desde el otro lado, firmadas por Shira, por Bonsay (si algún día acaba sus deberes, también por Nina!), y espero que en el futuro haya más plumas, y más situaciones!
Esta de hoy inaugura una nueva serie sobre "Primeras Veces". En concreto, una vivida por Ambarillo, que ha tenido a bien enviarnos. :)
Por fortuna no hay problemas de espacio en un blog! :) Así que aquí os lo pego íntegro e intacto. En general, ni añadiré, ni recortaré, ni "corregiré" nada de estas contribuciones, me parecería una falta de respeto. Cada nueva pluma tendrá así su estilo, su forma de contarnos, y su propias virtudes!
Aquí os dejo su relato, y su experiencia! :)
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Como en más de un comentario había dejado escrito que algún día aportaría al blog alguna "primera vez". Animado por ti e inspirado por los relatos que se han públicado hasta ahora, esta noche me he sentado a escribir.
He elegido un primer encuentro que tuve hace ya casi ocho años con una sumisa, con la que aun mantengo una relación muy, muy especial.
Lo que relato es totalmente cierto y ocurrió así.
Hay partes del relato en los que parece que yo estuviera dentro de su mente porque describo lo que ella pensaba o sentía en ese momento. Tal punto de vista lo aporto en base a lo que ella me contó posteriormente de cómo había vivido nuestra primera cita. [...]
Es largo amigo Wall, pero tu me has dado carta blanca para escribir y como tu dices el que no quiera leer que se lo salte.[...]
La foto también la hice yo y corresponde a la sumisa del relato, si lo ves oportuno sirva para ilustrar el relato si lo publicas.
Amigo 4thWall un abrazo.
Ambarillo.
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En el verano de Sevilla y alrededores al medio
día hace mucho calor. Yo tenía horario de mañana y de tarde así que si ella
imponía vernos entre semana no nos quedaba otra opción que hacerlo a la hora de
comer.
Pasaba poco más de un mes desde que entablamos
relación a través de una web de contactos sado y sólo nos habíamos visto por
fotos.
Desde la ventana de mi trabajo la vi pasar en
su coche camino de la cita. Ella había querido que esta se celebrara en el
polígono industrial porque sabía llegar sin pérdida. Pero a mi no me venía bien
así que como Amo que soy yo decidí dónde celebraríamos nuestro almuerzo,
nuestra primera cita, sin imposiciones bruscas sino de una forma amable ella
hizo mi voluntad.
Salí del trabajo minutos después de verla
pasar, tenía la certeza de que ella ya estaba allí. Esta vez no existía la
incertidumbre que genera cuando se acude a una primera cita de si estará allí o
habría cambiado de idea. Esta vez controlaba yo incluso antes de llegar.
La encontré bajo un sol de justicia y consumida
por los nervios de pie junto al su coche frente al cuartel de la Guardia Civil,
mi casa estaba a la vuelta, detrás del cuartel. Paré, me acerqué a ella y se
puso en situación de alerta no cabía duda que ya sabía quien era yo.
Hizo un esfuerzo por sonreír a pesar del sofoco
por calor que le había castigado cerca de diez minutos y de esos nervios que
hasta que yo llegué le movían a salir corriendo antes de cruzar su vida con la mía.
Nos presentamos, dos besos, ¿Qué tal estás?,
Bien mucho calor y – No puedes dejar el coche aquí, esta prohibido aparcar, sígueme-
subí al mío y la conduje hasta casi la puerta de mi casa, pero ella no lo
sabía.
En vez de comer de menú en un bar de polígono
industrial, la llevé a comer a un asador típico del pueblo.
Desde mi calle hasta el asador apenas cruzamos
una docena de palabras. No íbamos muy lejos de todas formas pero los silencios
eran densos y junto a ella en el asiento del acompañante viajaba toda su
timidez y fragilidad, se sentía pequeña junto a mi. Yo acrecentaba esa
sensación en ella mirándola con autoridad que la enmudecía hasta sus
pensamientos.
Durante la comida hablamos. Me senté a su lado
en vez de hacerlo frente a ella. Mi cercanía le abrumaba. Durante la comida
ella se fue relajando aunque me confesó posteriormente cuando recordábamos este
primer encuentro que durante toda la comida se había sentido intimidada y que
hacía el esfuerzo por tratar de que no se notara. No lo conseguía apenas pero
un poco más distendida que al principio si que se le observaba.
No obstante, cada vez que apreciaba que se
soltaba demasiado, yo extendía mi mano hasta su brazo derecho y le subía el
tirante de su vestido que de manera impertinente se deslizaba una y otra vez
desde su hombro desnudo. Este gesto mío la turbaba por completo y la dejaba
desarmada, de nuevo a merced de sus nervios y yo sentía mi triunfo sobre ella,
la controlaba, controlaba sus emociones. Jugaba con ella como el depredador
juega con su presa antes de comérsela. Me excita tanto este juego, de control,
de dominio…
Hablamos fundamentalmente de ella, yo
preguntaba y ella respondía, ella hablaba de si misma, de su manera de vivir la
D/s. Abundábamos en detalles sobre conversaciones tenidas por Chat o
pensamientos que habíamos intercambiado a través de correo. Salió a relucir
otra vez su fantasía de violación. ¡Vaya! Habíamos hablado por Messenger que
era algo que le excitaba. Sentirse forzada por un desconocido, contra su
voluntad, sentirse como una muñeca de trapo en manos de un bruto que abusa de
ella sin que ella tuviera opción siquiera de resistirse. Claro está que sin la
crudeza y el salvajismo de un hecho real de este tipo y con un final mucho más
amable donde el individuo que al principio la fuerza luego la arropa entre sus
brazos con ternura.
Hablamos también de sus experiencias
anteriores como sumisa, hablamos de otros Amos que había tenido, de sus
expectativas conmigo. Yo le hablé también de mí.
Ella pretendía controlar el ritmo de la comida
y del encuentro pero nada más lejos de sus intenciones, era como una pluma al
viento y en esta ocasión era yo quien soplaba.
Ella había calculado que si yo tenía que
volver al trabajo, alargando la comida lo más que pudiera se ahorraría el
incomodo compromiso de tener que decidir si acompañarme o no a un lugar más
privado. Ella había imaginado este primer contacto sólo eso un primer contacto,
hablar, comer y luego cada uno por su lado y decidir más tarde si se ponía en
mis manos en otra ocasión.
Pero una comida dura lo que dura por mucho que
la estires y lo que no controlaba ella era que yo no tenía ningún reparo en
llegar tarde al trabajo.
Salimos
del asador, ella se sentía confiada y muy ufana porque había logrado su objetivo de mantenerse a salvo de
mis garras. Yo la acompañaría hasta su coche, allí nos despediríamos y
marcharía a su casa y yo al trabajo con la idea de llamarnos tal vez al día
siguiente después de haber rumiado lo acontecido durante la comida.
Aparqué mi coche unos metros por delante del
suyo. Ella tenía ya la mano en la maneta para abrir la puerta cuando le dije:
-Esta es mi casa, vivo aquí, tengo que entrar un momento antes de irme al
trabajo. ¿Te importaría entrar conmigo? Quisiera darte algo. Titubeó trato de
poner una excusa, pero la interrumpí: - Sólo será un minuto, me tengo que ir al
trabajo ya.
Ella accedió a entrar más por mantener las
formas que por voluntad propia. Entramos por la cochera en vez de utilizar la
puerta principal.
Yo entré primero, ella me siguió. Nada más
atravesar el umbral de la puerta la agarre firmemente por su muñeca izquierda,
de un puntapié cerré la puerta y con la mano libre corrí el cerrojo. Nos
quedamos a completamente a oscuras. La sentía agitarse pero antes de que
reaccionara la arrojé con fuerza contra la pared, me moví con rapidez y la
mantuve apretada cara a la pared, con todo el vicio más sucio y con toda la
depravación que yo era capaz de reunir, la manoseaba obscenamente por encima de
la finísima tela del vestido que todavía conservaba puesto. Ella pronto dejó de
resistirse al sentir que su fuerza era inferior a la mía. Más tarde me confesó
que se resignó a pasar por el trago de ser usada por un capullo que se creía
Amo por el hecho de satisfacerse a la fuerza con la toda incauta que cae en sus
manos. Aún así la rabia de sentirse ultrajada por un cabrón le llevaba a
revolverse, resoplaba con hartazgo, pero a la vez yo notaba su miedo mientras
mis manos habían encontrado ya el camino para llegar a sus tetas por debajo del
vestido. La sobaba descarnadamente, agarraba sus tetas con mis manos, las
apretaba con fuerza, buscaba sus pezones y los pellizcaba hasta oírla quejarse
por el dolor mientras me empapaba en su cuello de su olor a hembra, la besaba y
le mordía la oreja, le mordía la nuca… El peso y el empuje de mi cuerpo sobre
el suyo la mantenían inmóvil contra la pared.
Metí una mano desde atrás entre sus piernas,
aparté sus bragas y metí mis dedos en su coño. ¡Hum! PUTA. Tanto resoplar,
tanto bufar y tratar de zafarte, meto mi mano en tu coño y te chorrea como una
fuente. Saqué mi mano de su coño y la llevé a su cara, restregué toda su
humedad por su cara, ¿humedad? Era como un manantial que brota de una gruta
oscura, cuando mi mano regresó entre sus piernas su calentura chorreaba ya por
sus muslos. Hurgué en su intimidad hasta que dos dedos se internaron bruscamente
en ella. Palpé su interior, sus flujos mojaban toda mi mano, sentí su carne
cerrada sobre mis dedos y dentro de ella su calor me hacía dudar si yo metía mi
mano en su coño o era su coño ávido de algo que lo llenar el que engullía mi
mano. Llegué a temer que se tragara mi mano entera, estaba perdiendo el
control, pero me rehice, busqué esa almohadillita blanda y rugosa detrás del
pubis y lo acaricié con mis dos dedos, por primera vez la escuche gemir, por
primera vez arqueo su espalda ofreciéndose y abriendo sus piernas todo lo que
sus bragas a medio bajar le permitían, su cuerpo pedía más, su coño pedía ser
follado. Por fin ella se había rendido
no a mí, ni a la fuerza, ni a la violencia de mis actos, se había rendido al
placer, se había rendido al deseo, se había rendido a su Amo.
Puse mi brazo en su espalda para mantenerla
aún contra la pared, mientras abría la bragueta y sacaba mi miembro. La follé
apoyada contra la pared, la follé con embestidas fuertes amarrándola por la
cintura. Sudábamos, ella chillaba de gusto, jadeábamos por el sofocante calor,
por la intensidad de la cabalgada, nos faltaba el aire en aquel lugar oscuro
cerrado y tan cargado. La tomé del brazo y por una puerta interior la llevé a
la casa, la conduje al salón inundado de luz, el espacio era más amplio y
aunque hacía calor no era el ambiente sofocante de la cochera. Continuamos en
el sofá, nos deshicimos de toda la ropa y estuvimos juntos, desnudos por
primera vez. Yo me senté y ella se sentó sobre mi polla. Nos besamos. Comenzó como
una violación pero la luz sublimó este acto, lo trasformó en algo bello, lleno de ternura, de sensibilidad, de caricias. Acabamos
abrazados, exhaustos, felices.
Le pedí disculpas por tenernos que ir inmediatamente,
ya era tarde, tenía que haber llegado al trabajo un cuarto de hora antes. Le ofrecí
ducharse, rehusó, Yo me duché y cuando salí estaba vestida esperándome. Salimos
juntos de mi casa, cada uno se subió a su coche, durante un breve trayecto
llevamos el mismo camino. Yo miraba por el retrovisor y la veía a ella con una
sonrisa de oreja a oreja.
Al día siguiente volvió.
Ambarillo.