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| Aquellos que renuncian a su libertad en nombre de la seguridad, no merecen ni la una, ni la otra. (Aunque puede que merezcan la seguridad, creo que el bueno de Benjamin quiere en realidad decir que no la obtendrán. Yo pondría "no obtendrán ni la una, ni la otra.." Pero ¿quién soy yo para venir a a versionar a Benjamin Franklin?!) |
Desde luego no es un equilibrio nuevo. Existe en todos los ámbitos y tomamos decisiones continuamente al respecto. Igual equilibrio existe entre libertad y responsabilidad, o muchas veces entre ejercer una independencia libre, o vivir en una tranquilidad controlada.
La libertad en cualquier ámbito conlleva riesgos y tiene un precio. Poniéndonos serios, lo vemos cada día en los aeropuertos desde el 11-S, o a otro nivel en las multas de tráfico o (por crear un poco de polémica) en la renuncia a portar armas de fuego. Algo sobre lo que, no me entendáis mal, estoy totalmente a favor, pero que no es tan obvio como pudiera parecernos a nosotros en muchas otras partes del mundo.
Enfrentado a este mundo liberal, la dicotomía entre libertad y seguridad se presenta nada más cruzar el umbral. A la hora de enseñar fotos, o de la webcam, o a la hora de contar cosas sobre uno mismo. Aquellos que ya hayáis dado el paso sabéis de lo que hablo en cuanto a perfiles, conversaciones de messenger, o preguntas que se hacen en muchos casos inocentes y que pueden hasta malinterpretarse o incomodar cuando uno está explorando algo tan nuevo y tan.. delicado.
En principio, y con razón, uno cae siempre de el lado de la seguridad. Envía fotos dignas de ser publicadas por Iker Jimenez para una de sus historietas paranormales, en las que a duras penas se distingue una silueta humana, contesta con una vaguedad propia de un político a cualquier pregunta remotamente personal y a menudo miente con su nombre, localización, etc... Es decir que el precio de esa seguridad es que en realidad estas condenado a ser un observador con poca participación y un cierto sentimiento de culpa y de no pertenencia, expresado por ese alter ego forzoso que te sirve de fachada a ese nuevo mundo que quieres explorar.
Quizá más adelante te da por unos días tirarlo todo por la borda, harto de disimulos cuando tienes claro que no estás haciendo nada que deba ser ocultado, aunque desde luego sabes que puede perjudicarte en algunos ámbitos si es descubierto. Luego recapacitas, reajustas, y con ese movimiento pendular que tantos comportamientos tienen (que la historia misma, que las generaciones tienen.. y ese es el tema de la entrada sobre la libertad sexual a través de la historia que se titulará "otros lugares, otros tiempos" y que espero preparar pronto...) acabas encontrando tu equilibrio personal.
La propia definición de equilibrio implica que hay fuerzas opuestas en acción, y que el resultado es dinámico... Hay días en que casi estoy deseando que me "pillen", que alguien me pare por un pasillo y me diga "me he enterado de que tienes un blog sobre sexo y la vida liberal", y poder contestarle "Efectivamente." Y esperar con curiosidad por dónde me sale. Hay días en que pienso que en unos años habrá un desfile del orgullo liberal, tomaremos Madrid y escandalizaremos al grupúsculo que se concentre en Colón o Génova precisamente con ganas de escandalizarse, llevarse las manos a la cabeza, y decir que somos el fin de la sociedad y la familia. Hay días en que pienso que es necesario que alguien que no se esconda escriba un libro, vaya a un debate, se deje ver, y hable de por qué esto es una opción, y por qué tomarse uno a sí mismo un poquito menos en serio y dejar de predecir que todos los males del mundo caerán sobre nosotros según dónde, cómo, con quién y con qué fin decidamos disfrutar del sexo. Hay días en que casi quisiera ser yo el que escriba ese libro, y se enfrente a esas críticas...
(No por muy sabida, quisiera dejar de apuntar la ironía de que los que más gustan de dar consejos sobre pareja y sexo son hombres vírgenes de 70 años, sin mujer, novia, o hijos, que van a trabajar con un vestido y se reunen periódicamente a hablar de lo que pone en un libro que se ha quedado un poquito pasado de moda y de lo que ese libro dice que deben hacer los demás, sin que parezca que se lo apliquen demasiado cuidadosamente a sí mismos...)
Sé lo que hago y por qué lo hago, lo he pensado mucho, como creo que se nota en este blog, y me está dando muchas satisfacciones. De algún modo se ha convertido en un modo de vida y desde luego ni me avergüenza, ni me siento culpable, ni me siento impulsado a dar más explicaciones que éstas que aquí leéis, que las doy gustoso porque son explicaciones que me doy a mi mismo y a mi pareja que comparte conmigo todo esto en primer lugar. Si me he decidido a contarlas aqui es por que, siendo profundamente racionalista, escéptico, y realista, considerándome un amante de la libertad a ultranza, y creyendo en la propia responsabilidad y obligación de cada cual para elegir su rumbo, este es uno de los mayores muros que me he encontrado entre lo que hago y lo que "se supone" que debería hacer.
Todos somos producto de nuestro tiempo y el lugar en el que hemos nacido. Si lo piensas, lector, e intentas definirte en cinco palabras, no tu personalidad o tu profesión, si no imaginando como otros se referirían a ti, te darás cuenta de a lo que me refiero. Algunos ejemplos en uno u otro ámbito o tiempo (y no sigo por aquí que me meto en la otra entrada) serían "chino", "cristiano", "niño", "ciego", "rico", "rubio"... Elementos que nos definen sobre los que no hemos tenido nunca ningún control. Pero eso son sólo palabras y la realidad es que nuestro entorno nos moldea en modos mucho más profundos... Nuestro sistema de creencias, nuestras expectativas sociales, nuestro comportamiento con los demás, nuestra sensibilidad artística, nuestra música, nuestra ropa... Nuestra Cultura, en mayúsculas y por definición, está preformada cuando nos sumergimos en ella, y tenemos mucha menos elección dentro de ella de lo que nos gustaría creer. Yo, también.
Quedan por supuesto algunas preguntas fundamentales que te respondes a tí mismo con el tiempo. Tu profesión es una de las más importantes. Tu búsqueda de la independencia o tu deseo de estar cerca del nido. El lugar dónde quieres vivir. Tu orientación sexual. Tu pareja. Tu deseo de tener o no tus propios hijos...
Somos conscientes de la importancia de esas preguntas, y me da la impresión de que nos defendemos ferozmente cuando alguien quiere entrometerse mientras les buscamos respuesta. De ellas, la orientación y comportamiento sexual y la vida en pareja no son desde luego las menos poderosas y sin embargo son en las que percibo menos resistencia a la influencia externa. Las razones para ello las intuimos todos y no deseo meterme aquí y ahora en ese jardín del que es muy fácil salir mal parado. Pero la realidad de que es así me parece difícilmente contestable.
Y ahí dibujo yo la línea roja. Quiero esa libertad, la voy a ejercer, y siento incluso cierto orgullo por mi determinación a hacerlo. No renuncio a mi seguridad, no quiero exponerme a un daño innecesario, pero no voy a esconderme. No entierro la cabeza y desde luego si hay cosas que no expongo abiertamente es por no dar facilidades a aquellos que disfrutan haciendo daño por entretenimiento pero que normalmente y por fortuna, no quieren tomarse la molestia de que eso les cueste un esfuerzo y seguro que no han llegado a leer hasta esta línea.
Las citas, como los refranes, suelen encerrar una perla de simplicidad a la que luego cada uno añadimos nuestros matices. La que resume mi sentimiento en esta entrada es de Benjamin Franklin... Tiene varias versiones en varias fuentes que he buscado pero os la pongo en la leyenda de la imagen.
No he encontrado ningún chiste gráfico que ilustre exactamente lo que hablamos aquí, así que os pongo uno que me ha hecho gracia, (más relacionado con los aeropuertos, claro, el ejemplo más sangrante) con la cita como leyenda, y una que me han enviado unos nuevos amigos encantadores recién llegados al blog (además despues de saber de su amabilidad he podido comprobar que N. es un verdadero bombón!) ... Y que espero lo sean más en el futuro.
Gracias una vez más por leerme si has llegado hasta aquí. Lo bien que me sientan estos desahogos! :)







